Este es el último. El que dará paso a una época de calma y de esperanza para mí.
He optado por terminar con este par de Adidas Superstar como título sobre estas pocas líneas simplemente porque me gusta la imagen que envuelve.
Las Superstar, de color blanco marfil, una colaboración con la marca Human Made que patenta discretamente su huella al nivel del talón, exhibiendo un corazón rojo en el que figuran dos palabras: «Human Made».
Más allá de ser el nombre de la marca, es ante todo lo que somos, seres humanos. Es una verdadera estupidez, estoy de acuerdo contigo, pero en los tiempos que corren lo solemos olvidar con bastante frecuencia.
Nos olvidamos de que las personas que limpian nuestras calles, nuestros edificios, nuestros colegios, son seres humanos. De que los que nos venden la fruta, las verduras y otros productos son seres humanos. Es algo evidente. Sin embargo, en nuestras relaciones interpersonales cotidianas tenemos la tendencia de pasar por alto este aspecto.
Desaprendemos a amar al prójimo. Y eso nos perjudica.
Basta con mirar por la ventana, en los medios de comunicación, cómo nuestras sociedades se van a la mierda, lo insanas que son nuestras relaciones exteriores. A modo de ejemplo, a veces sigo comparándome económicamente con las personas que me cruzo por la calle.
Imagínate que voy paseando, me cruzo con un desconocido o con una desconocida, les observo, y me pregunto si gano más que ellos. Un mal reflejo de tranquilidad que estoy esforzándome por deconstruir. Es algo inconsciente, pero me carcome.
Entonces cambio la perspectiva, intento dejar de mirar hacia afuera. Me diagnostico. ¿Yo estoy contento? ¿Sí? Pues entonces ya está, el resto, los demás, no tienen nada que ver conmigo.
Por eso el amor debe seguir siendo el centro de nuestros intercambios. Como ese momento en el que tu hermano se puso al descubierto y cantó el «Mistral Gagnant» con convicción en un coche aparcado enfrente de un hipódromo. Probablemente no se lo hayas dicho nunca, pero al escuchar las rimas y su voz temblorosa de modestia, sentiste que el amor inundaba tus ojos.
Existe ese otro momento en el que ves a un ser querido alcanzar su sueño. En realidad, no hay nada más hermoso que admirar a los nuestros desplegando sus alas y luchar para llegar a lo más alto. Pues bien, si me sumerjo en mi memoria encontraría muchos de estos momentos.
Puede que debiera terminar con esos episodios breves de amor desinteresado en los que le ofreces tu tiempo a desconocidos con la esperanza de que, por su parte, aunque solo fuera un segundo, recuerden que su muerte no retumbará más de lo que lo hace una pluma al caer sobre el asfalto, al menos para una persona. Una eternidad efímera durante la cual se sintieron queridos.
El volumen 2 de Fragmentos llega a su fin. Termino este texto con lágrimas en los ojos porque pienso en aquellas personas que me quieren o que me han querido.
Junto a vosotros recompongo los míos de fragmentos, pieza a pieza, y forman un magnífico mosaico. Un mosaico singularmente universal que, una vez montado, une a todas las personas de la tierra: el amor.
Que la paz esté con vosotros.
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Crédits :
Traducción : Irene de la Torre – http://irenedelatorre.com
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