Adidas Ultraboost 1.0 Purple
¿Cuál será hoy mi recorrido? ¿Hasta dónde llegaré antes de dar media vuelta? Y, ¿tomaré la misma ruta al volver? Creo que haré una especie de círculo, un rectángulo, una ruta continua, algo así.
Salgo a correr como mínimo dos veces por semana. Antes de la COVID – la o el COVID, me la suda –, corría como un gilipollas sobre una cinta en la segunda planta de un Basic Fit. Desde entonces es en las calles menos transitadas que rodean la estación de Atocha que mis suelas golpean en el asfalto.
La verdadera ventaja es que respiro aire fresco y contaminado. Cuando hace frío, lo hace de verdad, y tienes que tomártelo con calma si quieres llegar a hacer tus 15 o 20 minutos de entrenamiento. Si llueve, hace viento o hace sol, pasa exactamente lo mismo. No hay ninguna máquina que te empuja para que avances, solo el carbón que se transporta por el torrente sanguíneo asociado a lo que tienes en la cabeza. Afecta a todo lo que llevas dentro, a cada acción.
Como aquella vez en la que creíste que con el control gerencial se cobraba muy bien. Se cobra tan bien que después de dos años de Máster dijiste hasta aquí. Es una mina de oro de tal calibre que un controlador gerencial en España cobra lo mismo que un contable. No hay profesiones inferiores a otras, pero te acuerdas que los que estudiaban control gerencial se reían en la cara de los contables. No lo has olvidado, ¿eh?
Hop, hop, paso de cebra. Reanudamos la marcha. La mudanza, los bajos salarios de Madrid. En el metro, durante los ocho primeros meses, la mandíbula que se apretaba sola. Te dolía la cabeza. Y sin embargo, has conocido a otros españoles que luchaban más que tú para ganarse un trozo de pan. El afán de lucro, hermano, es eso lo que te lleva a trabajar en esos curros de oficinista de mierda.
El éxito, esa palabra que recorre todos los labios. El éxito social, económico. Ese éxito del que te gusta alardear frente a aquellos con los que te tomas unas cañas de vez en cuando. Sientes un placer malicioso al admitirlo, al lanzar en voz alta el aumento que te han hecho este año.
Ese aumento que te ha permitido pasar ficticiamente a otra clase de la sociedad madrileña. Nunca dejarás de ser el mismo suburbano que siempre has sido, huey. Nunca, no lo olvides.
El ego, es tu ego el que te ha traído hasta aquí. Te ha ayudado, en lo profesional sin duda. Lo has utilizado bien, te ha servido. Pero ¿para llevarte a dónde, en ese mundo que odias? Después de todo, ¿qué es lo que buscas? ¿La pasta, el éxito, la ociosidad, el reconocimiento?
¿Con qué par de deportivas corres? Con unas Adidas Ultraboost, ¿no? ¿Cuáles? 1.0, esas con el talón violeta. Ah, ya veo. Es muy cómoda la espuma, ¿no? Igual que esa vida rutinaria que te has construido, supongo. Te encajan como un guante, ¿no? Bueno, como un calcetín, porque estamos hablando de la Ultraboost.
Entonces tal vez sea por eso por lo que te tiras nueve horas al día delante de tu pantalla, ¿no? ¿Por qué exactamente? ¿La pasta, la familia? Ah, de acuerdo. Es digno de admiración. De verdad. ¿Hasta cuándo dices? ¿En qué momento decides irte por la tangente, la que te permitirá volver a lo esencial?
Y si el verdadero éxito fuera arrancarse de ese molde, liberarse de todo lo que tienes metido en la cabeza. Si la familia se antepusiera a la pasta y si tu éxito se convirtiera más bien en vuestro éxito.
¿Perdona? ¿A quién me estas preguntando?
Eso depende de ti.
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Crédits :
Traducción : Irene de la Torre – http://irenedelatorre.com
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