Jordan 1 Retro High «Black/White»
Montreal
Curvas de un cuerpo que se mueve lascivamente de arriba abajo. Piel caramelo que roza el material áspero de mi pantalón ligeramente elevado al nivel de la entrepierna. Tengo la mirada y los pensamientos vacíos por la botella de tequila que yace ladeada en la parte derecha de la mesa, en torno a la cual estoy solo. Por mucho que ella lo intente, será imposible realizar una acrobacia de lap dance conmigo esta noche.
Me hundo cada vez más en el sillón de cuero. Tras 10 minutos sacándome billetes de 1 dólar, se da por vencida, probablemente haya entendido que no va a ir más allá. Qué mal cliente, esto me viene de mi signo zodiacal de tauro tacaño. Me pesa tanto la cabeza que la dejo colgar hacia delante, con la barbilla pegada al pecho. Mis cervicales nunca han sido tan flexibles. Esa ausencia duró… no tengo ni idea, de hecho; solo sé que me agarró al hombro una mano grande y me sacudió.
Balbuceé en mi inglés, expliqué mi pequeña cabezada, sin éxito. Me sacaron por la misma puerta por la que había entrado hacía una hora, con la soledad colgada del brazo.
Puta madre, sí que puede llegar a hacer frío en Canadá. El mediterráneo que soy nunca había metido un pie en este lado del Atlántico.
Antes de llegar aquí, en torno al mes de abril, en París hacía buen tiempo. Habíamos vuelto a sacar las chaquetas de vaquero ligeras del armario y las terrazas estaban llenas de pálidos parisinos sedientos de sol. Por tanto, al llegar a Montreal hace 1 mes, un domingo por la tarde, no entendí lo que había pasado en las ocho horas que separan las dos metrópolis continentales.
La chaqueta de plumas se desempolvaba al antojo del viento gélido que azotaba a los desafortunados que preferían las inmensas avenidas a los pasillos subterráneos. Los únicos momentos reconfortantes eran los cortos paseos a Tim Horton’s en busca de uno o dos bagels salados y de un té grande calentito. 1 litro de consuelo por 99 céntimos.
Con este pensamiento, un escalofrío caliente me atravesó desde la parte baja de la espalda hasta el cabello. Eran momentos excepcionales de felicidad, supongo, esos momentos en los que el aire pasa por tus oídos, penetra en tus fosas nasales, esos instantes en los que una inspiración profunda repone la confianza en ti mismo, en los que la oscuridad se dispersa con la mirada fija en el horizonte. Y las bocinas te hacen aterrizar en la tierra, lo que correspondería al centro de la calzada para mí en ese minuto de evasión.
Con los faros encendidos en plena cara, les hago un corte de manga y me vuelvo a subir a una de las amplias aceras de la avenida de Saint Laurent. Mañana partiré rumbo al sur de Europa, volveré allí para despedirme.
En esa misma Avenida preside un Foot Locker. Es viernes por la noche, lo que significa que de madrugada, Nike, Jordan, Adidas y el resto habrán lanzado nuevos artificios pedestres. Este sábado apareciendo por la punta de su sneaker no hacia excepción. Y en efecto, paso por delante de una veintena de jóvenes sentados entre el frío y mostrándose chismes en sus teléfonos móviles. Yo les pregunto por el modelo por el que han acampado ahí. «Por el que llevas tú en los pies, dude», me suelta uno de ellos. «Lo único distinto es el color, las Shadow».
El modelo en cuestión es un Jordan 1 High, y el que llevo puesto yo es el negro y blanco, tonos de 1985, igual que el Shadow.
Aún quedan tres horas de espera para que la tienda en la que aparece la imagen de un árbitro con una camiseta a rayas acromatópsica abra sus puertas a esos vigorosos jóvenes congelados que arriesgan unos cuantos dedos del pie con la visión de adquirir dos trocitos de cuero de baja calidad sobre una goma.
Sé que esa palabra, acromatópsica – esa palabra tan jodidamente pomposa –, no encaja en el contexto, pero aun así la utilizo, porque el tequila.
Al verles desafiar a esa noche tan escabrosa tuve la brillante idea de ponerme al final de la cola, medio dormido por el frío. Aunque tenga estas Jordan 1 Shadow, soy como esos yonquis que te cruzas en los barrios a dos pasos del metro «Georges-Vanier», la sociedad me ha metido mierdas en la cabeza que solo puede atenuar una dosis de pegamento malo. El problema es que la dosis tiene que aumentar cada vez más para que pueda tener efecto.
Es el efecto kiss-cool, ¿sabes? Te sientes fresco un instante y después, enseguida se enfría, pierde el sabor y desaparece.
Atrapado por la hype.
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Crédits :
Traducción : Irene de la Torre – http://irenedelatorre.com
Musica : T-Pain – «I’m in love with a stripper (remix)»
Prod : https://www.beatstars.com/prodwavyszn/feed
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