Nike Air Max 97 «Silver Bullet»

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Air Max 97 «Silver Bullet»

La vida es un sueño como dijo de la Barca. 

El destello de mi silueta en el azulejo cambia con los movimientos de la llama que emerge de la vela. Con la mirada aturdida tras varias copas de fino, es en la penumbra del corazón de Granada, con los olores de jacinto, de higos y de las flores del naranjo hechizando el espacio, que mi ruta termina.  

Ese mismo día, unas horas antes de perderme en el mosaico de una casa del Albaicín, estuve solo en medio del vacío. 

Otura, un barrio fantasma del extrarradio granadino. Ladrillos rojos amontonados, formando una urbanización sin puertas ni ventanas. Sin almas. Solo yo y mis pensamientos. Me hallo deambulando entre casas en las que la naturaleza recupera el lugar que le han robado hace algunos años los promotores inmobiliarios que soñaban con hacer fortuna. No fue ese el caso.    

Otura forma parte de esa lista de ciudades o barrios fantasma esparcidos por los cuatro rincones de una España que surfeaba sobre una ola inmobiliaria abrupta. Muchas se rompieron en los peñascos de un capitalismo a ultranza, comprando donde nada se edificaría. Tales promotores vendían un lugar quimérico para vivir conectados con el centro de Granada o de Madrid. Eso nunca sucedió. Ninguna línea de autobús, de metro o de Cercanías estaba en camino para atravesar esas nuevas ciudades salidas de la tierra en menos de un año. 

Abandonadas, algunos dirán que son los vestigios de la decadencia inmobiliaria que deben conservarse, para no olvidar los errores del pasado. Por eso estoy allí en este hermoso día de mayo. 

A tan solo 30 minutos del centro de Granada. Solo media hora para contemplar el vacío social. ¿Todo eso para qué? ¿Para ver mi vacío, quizá? En cierto modo, sí. 

Estaba sentado en la cornisa de una entrada ilusoria, comiendo un bocadillo y dejé que mis pensamientos se aventurasen por los entresijos de mi imaginación. El canto de los pájaros que anidan por todas partes en los espacios huecos me trasladó al borde de las murallas rojizas de la fortaleza nazarí que domina Granada, la Alhambra. Observé las casas blancas aglutinadas, que ofrecían el espacio justo para que un trozo de vegetación se abriera paso hacia el sol. 

Asaltado por masas de turistas asiáticos, cabe precisar, porque solo se les ve a ellos, pidiéndome que les sacase una foto, fui a esconderme entre los naranjos amargos de los Jardines del Partal. Aún no consigo captar el sentido de querer aprisionar una emoción en un teléfono en lugar de en nuestro corazón. Seguro que debían tener prisa por volver a sus países y enseñar allí sus fugaces momentos de vida.

El sonido del agua que fluye por las venas del monumento baja mis pulsaciones. Llevé la mirada un instante hacia los frutos de los árboles para bajarla a los pies, que reflejaban los rayos de un sol vibrante.

Ahí estaba otra vez, atravesando una puerta imaginaria, mis Air Max 97 plateadas, adornadas con swoosh rojos a cada lado del pie y en la parte superior de la lengüeta, me habían perturbado el sueño. Silver Bullet era el nombre del color. Silver, la plata, las monedas, el dinero, a fin de cuentas. Y es a través de ese proceso intelectual tan detallado que volvía a ver a los sin techo dormidos cada vez que pasaba, en las duras noches de invierno madrileñas o andaluzas, por las puertas de las sucursales bancarias. La ironía de nuestro sistema, en suma. La caricatura de nuestra sociedad. Aquellos que no tienen nada duermen a unos metros de los que les han dejado en la calle y les mantienen allí. Porque son los bancos los que dejan en barbecho las casas como las que están vacías en Otura. Esas casas que solo aguardan la luz de una vida para calentar sus paredes. Y, oye, ¿por qué no esas mismas vidas que están a punto de apagarse, que viven en la calle bajo cualquier tipo de clima, eh?   

En cualquier caso, debo de pensar así por las copas de fino que me acabo de meter. Una parte de mi abuelo andaluz que está impregnada en mi ADN. 

O simplemente alcé un poco la mirada de la punta de mis deportivas cuando estuve sobrio. 

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Crédits :
Traducción : Irene de la Torre – http://irenedelatorre.com

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